PSICOLOGÍA y DAÑO CEREBRAL...

29 de octubre de 2009

El Daño Cerebral Sobrevenido o Adquirido

"No existe daño cerebral demasiado leve para ser ignorado, ni demasiado severo para perder las esperanzas" [Hipócrates]




CONCEPTO:
El denominado Daño Cerebral Sobrevenido o Adquirido (DCA) se caracteriza por la existencia de determinadas lesiones cerebrales súbitas causadas por distintos accidentes o enfermedades. Estos daños cerebrales son de carácter adquirido y no degenerativo, por lo que aquí no se incluirían otro tipo de trastornos cerebrales como las discapacidades de tipo congénito o de nacimiento (autismo, parálisis cerebral, etc.) o los trastornos propiamente neurodegenerativos (Alzheimer y otras demencias, etc.)
La etiología u origen causal del DCA puede ser debida a la ocurrencia de distintos tipos de traumatismos craneoencefálicos, accidentes cerebrovasculares y procesos tumorales o infecciosos, principalmente, y las consecuencias sobre la persona afectada pueden manifestarse en forma de distintos déficit (sensoriales, motores, cognitivos, emocionales y comportamentales).


INCIDENCIA:


Los datos existentes sobre la incidencia de este tipo de daños en el mundo son diversos, algunos hablan de 250 casos por cada 100.000 habitantes. En nuestro país (España) unas 300.000 personas sufren alguna forma de DCA, esta cifra es una mera estimación a falta de estudios estadísticos que aporten datos más precisos. Se calcula que cerca de un 45% de estas lesiones cerebrales terminan desembocando en graves formas de discapacidad, y cerca de un 68% de los casos presentan serias limitaciones para realizar las actividades básicas de la vida diaria (comer, vestirse, asearse, etc.)


CLASIFICACIÓN:


Los TCE:


Una de las formas más frecuentes de daño cerebral es la debida a Traumatismos Cráneo-Encefálicos (los denominados TCE). Es este un tipo de lesión cerebral más frecuente en personas relativamente jovenes (menores de 30 años), debido a la mayor ocurrencia (estadística) de accidentes de tráfico, laborales o deportivos en estas edades. En una gran parte de estos accidentes aparece un daño cerebral adquirido de carácter severo o grave, y se les ha llegado a definir como una verdadera "epidemia silenciosa" de nuestro tiempo. Cerca del 70% de los TCE son producidos por los accidentes de circulación, un 20% por caídas, el 8% son accidentes industriales y el 2% son debidos a otras causas (datos aproximativos).


Los TCE son producidos por una fuerza física externa que daña las estructuras encefálicas y se manifiesta en forma de contusiones, hematomas o hemorragias cerebrales. La lesión producida puede ser de tipo focal (circunscrita a una zona del encéfalo) o difusa (distribuida en varias áreas cerebrales) y suele acarrear una pérdida de la conciencia.


Existe un daño cerebral llamado primario cuando la lesión se produce como consecuencia de la sacudida del cerebro contra la caja craneana y la actuación de dañinas fuerzas de aceleración-deceleración tras el impacto (*). Lesiones cerebrales de tipo primario serían las contusiones, las lesiones hemorrágicas evacuables (intraventricular, hematoma subdural y epidural) y la denominada lesión axonal difusa caracterizada por la destrucción de fibras nerviosas de la sustancia blanca cerebral (axones) y que desemboca en la aparición de severas alteraciones cognitivas.


(*) Un caso paradigmático de la repercusión dañina de estas fuerzas en el cerebro es la llamada demencia pugilística, un tipo de daño cerebral adquirido por la práctica continuada del boxeo. Es de carácter progresivo y comienza en forma de síntomas como la disartria (dificultades en el habla) y trastornos de la marcha. Con el paso del tiempo suele desembocar en síntomas de tipo parkinsoniano y derivar hacia un síndrome demencial con presencia de graves alteraciones cognitivas y conductuales.


Un daño cerebral de tipo secundario sería la aparición de una respuesta inflamatoria desproporcionada del cerebro tras el impacto y que supondrá un aumento peligroso de los valores de presión dentro del cráneo (hipertensión endocraneal). La aparición de un edema y el aumento del volumen sanguíneo cerebral (algo muy frecuente tras un TCE) pueden desembocar en la muerte del accidentado en pocas horas si no es intervenido por un equipo médico de urgencia.


Por último, el daño cerebral llamado terciario deriva de una serie de alteraciones bioquímicas y neurofisiológicas que comienzan tras el traumatismo y se prolongan hasta horas, e incluso días, en forma de distintas alteraciones en los mecanismos celulares de las neuronas.


La afectación en el nivel de las consciencia, es una de las principales manifestaciones clínicas post-TCE y puede ir desde formas leves (confusión) hasta muy graves (en forma de coma profundo o vegetativo que puede durar días, semanas o meses).




Los ACV:


El Accidente Cerebro-Vascular (ACV) aparece cuando el normal riego sanguíneo de nuestro cerebro es interrumpido por la presencia de un coágulo (trombo), o bien por la presencia de un daño o rotura de una arteria cerebral que desemboca en la aparición de una hemorragia intracraneal. A este tipo de daños también se les conoce por los nombres de ictus apoplejía (o derrame cerebral).


Los ACV por su etiología u origen causal se pueden clasificar en:


Isquémicos: son sinónimo de infarto cerebral y se producen por la obstrucción de una arteria que irriga el encéfalo, desembocando en una falta de oxigenación (anoxia) en la zona del cerebro afectada y cuyos tejidos neuronales se destruyen (necrosis) por la falta de sangre, la cual aporta el oxígeno y la glucosa que las neuronas precisan para realizar sus funciones.


Hemorrágicos: también llamados apoplejías, aparecen tras la rotura de un vaso sanguíneo en el cerebro, bien por la presencia de hipertensión o de un aneurisma (dilatación arterial o venosa producto de una degeneración congénita).


Se calcula que cada año un 1-2% de la población general sufre distintas formas de lesiones cerebrovasculares, y son la tercera causa de mortalidad general y la primera entre las mujeres en un país como España. Se estima que cerca del 80% de los afectados que sobreviven a este tipo de ataques, presentarán importantes déficit residuales (parálisis, cambios afectivos, trastornos sensoriales, cognitivos, del lenguaje, etc.)


SECUELAS y CONSECUENCIAS:


Los problemas asociados a un daño cerebral sobrevenido son innumerables y van a estar en función de la zona cerebral afectada, si bien cada caso presentará características únicas e individuales. Como norma general, la gravedad de las secuelas variará según el tipo de la lesión, de la parte del cerebro afectada y de las características idiosincrásicas de la persona (características de personalidad previas, nivel académico, procedencia social, edad, etc.)


En general, y simplificando en exceso, el daño cerebral sobrevenido puede producir parálisis o inmovilidad en una mitad del cuerpo (hemiplejía), o bien debilidad motora (hemiparesia); problemas en el uso del lenguaje (afasias); alteración de las capacidades atencionales; trastornos de aprendizaje; presencia de distintas formas de amnesia; inestabilidad afectiva (irritabilidad, síntomas depresivos) y alteraciones en el comportamiento (desinhibición, falta de autocontrol, agresividad, etc.) que van a suponer una merma en la autonomía personal e importantes repercusiones en el desempeño de la vida laboral y familiar.


De lo expuesto hasta ahora, se puede concluir que esta forma de daño cerebral constituye un problema sociosanitario de primer orden y que precisará de una rehabilitación de tipo integral, y continuada en el tiempo, a cargo de distintos tipos de profesionales especializados y coordinados (neurólogos, neuropsicólogos, neuropsiquiatras, psicólogos, fisioterapeutas, logopedas y terapeutas ocupacionales, entre otros).


Rehabilitar un cerebro dañado y, lo que es más importante aún, velar por los derechos y dignidad de la persona afectada por el daño cerebral, es una obligación ética y moral de la sociedad en su conjunto. Todos podemos ser víctimas en un momento u otro de nuestra vida de un accidente, o bien sufrir las consecuencias derivadas de un tumor cerebral o enfermedad cerebrovascular que nos lleve a esta situación. De hecho, si no detenemos a pensar con calma, seguro que hemos conocido o conocemos (directa o indirectamente) a alguna persona que ha sufrido o está sufriendo esta realidad en su vida y en su día a día.


Un buen ejemplo de esta progresiva y necesaria concienciación social, es la aprobación por parte del Gobierno español en 2007 (y a instancias del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales) de fijar cada 26 de octubre como el día del daño cerebral sobrevenido, una iniciativa que, aunque pueda parecer mera anécdota, supone activar un foco de atención mediático que puede despertar un interés social por esta realidad, algo siempre necesario y beneficioso en sí mismo.


** UNA REFERENCIA-RECOMENDACIÓN: Esta entrada ha sido redactada en consideración y recuerdo de todas las personas que sufren o están sufriendo a causa de una lesión cerebral sobrevenida, y muy en especial, en el caso de niños afectados
Para el lector interesado por conocer algo más sobre esta realidad, le recomiendo visitar un Blog expresamente comprometido en esta temática y realizado con una gran dedicación y cariño: 
  
                   LESIÓN CEREBRAL ADQUIRIDA en NIÑOS


[VÍDEOS]:

"Consecuencias del Daño Cerebral"



"TCE y Rehabilitación (El Caso del Paracaidista)"




* COMENTARIO: Este parece ser un caso extraordinario de cómo el cerebro puede recuperarse de traumatismos muy graves. En el reportaje se hace un especial hincapié en "la fuerza de la voluntad" del protagonista como aspecto determinante de su recuperación, pero siendo esto un factor facilitador de la terapia, las posibilidades de recuperación están mediadas por otras muchas variables más determinantes. Por desgracia, en la rehabilitación de una lesión cerebral la voluntad puede resultar muy necesaria o conveniente pero casi nunca es suficiente por sí misma, como bien queda ilustrado en los casos presentados en el primer vídeo.



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16 de octubre de 2009

El Cerebro se Cambia a sí Mismo

Inauguro esta nueva sección del Blog que va a tratar de ir exponiendo y comentando determinados libros relacionados con la temática del cerebro y su relación con el funcionamiento psicológico.

El primer libro que quiero reseñar se titula: EL CEREBRO SE CAMBIA A SI MISMO, está editado por Aguilar (Santillana Ediciones 2008) y su autor es el psiquiatra y psicoanalista Norman Doidge. Se trata de una obra amplia (unas 400 páginas) pero de fácil lectura para los no especialistas, pues su tono es enormemente divulgativo y ameno.

Uno puede preguntarse… ¿Y qué se esconde tras el sugerente título de este libro? pues ni más ni menos que la denominada plasticidad cerebral (neuroplasticidad), una capacidad natural y fascinante de nuestro cerebro que nos permite algo como el propio aprendizaje, la enorme capacidad de adaptación en nuestra especie, así como la posibilidad de recuperarnos tras padecer un accidente o daño cerebral.
En la contraportada del este libro puede leerse:

"Durante más de cuatro décadas la ciencia y la medicina tradicionales defendieron la inmutabilidad como característica propia de la anatomía del cerebro. La idea más extendida era que el entendimiento humano sólo se modificaba en la niñez y tras ésta únicamente cambiaba para iniciar un proceso de deterioro. Hoy día los avances en el campo de la neurociencia y la observación de pacientes con lesiones cerebrales irreparables -además del interés de personas anónimas por mejorar la calidad de sus mentes- evidencian lo contrario y demuestran que un cerebro dañado puede reorganizarse si alguna de sus partes deja de funcionar, y cambiar su estructura y función a través de la actividad y el pensamiento (…)"

En este blog, he tratado de forma concisa esta amplia y relevante temática en la siguiente entrada:


Actualmente, este es un campo de intensa investigación y prometedoras consecuencias, tanto para el propio conocimiento del funcionamiento neuronal y cerebral, como por sus evidentes posibilidades aplicadas o terapéuticas en el campo de la rehabilitación neuropsicológica.

Este libro resulta ambicioso en su planteamiento y nos va mostrando a través de distintos casos reales, múltiples y variadas consecuencias de la capacidad neuroplástica de nuestro cerebro. Como muestra enumero aquí algunos de los XI capítulos del texto y sus consiguientes subtítulos (reseño los que personalmente han llamado más mi atención e interés):

I) Una mujer que se cae constantemente…
-Salvada por el hombre que descubrió la plasticidad de nuestros sentidos-

V) Salir de la oscuridad…
-Víctimas de derrames cerebrales aprenden a moverse y hablar de nuevo-

VI) Abrir las puertas del cerebro…
-Usos de la plasticidad para curar preocupaciones, obsesiones, comportamientos compulsivos y malos hábitos-

VII) El dolor…
-El lado oscuro de la neuroplasticidad-

VIII) La imaginación…
-Cómo nuestros pensamientos cambian la estructura de nuestro cerebro-

IX) Reconocer nuestros fantasmas…
-El psicoanálisis como terapia neuroplástica-



Como se puede apreciar el panorama expositivo es amplio, abordando desde casos más propios del ámbito de la neurología, hasta otros más propios de la psicología, psiquiatría e incluso psicoanálisis (no hay que olvidar que el autor es psiquiatra y psicoanalista) pero el libro no está exento de una base de rigor científico (se citan numerosas investigaciones que fundamentan muchas de las conclusiones expuestas), aunque en ocasiones, el tono general se torne demasiado pretencioso en sus extensiones explicativas a campos como el de los trastornos psicológicos o la psicoterapia...evidentemente la neuroplasticidad no puede explicarlo todo.


En la contraportada de este libro, se sigue diciendo:

"(…) El psiquiatra e investigador Norman Doidge nos descubre una vía de estudio científico que podría pertenecer al territorio de la fantasía y a través de casos clínicos reales, llenos de ternura y superación, nos acerca a las teorías más innovadoras y revolucionarias de la neuroplasticidad. Oliver Sacks ha señalado en esta obra el estilo personal y fascinante con el que el doctor Doige describe cómo el cerebro, lejos de ser inalterable, posee facultades extraordinarias para cambiar su propia estructura y compensar incluso las afecciones neurológicas que mayor esfuerzo suponen."


Comentar que en la portada del libro aparece una opinión -en forma de cita- sobre esta obra, su autor es el eminente neurólogo Oliver Sacks un grandísimo divulgador e ingenioso personaje del que habremos de recomendar alguna de sus obras. La cita es esta:

"Un esperanzador y extraordinario retrato de la incalculable permeabilidad del cerebro humano"

En definitiva, en este libro podemos encontrar abundantes referencias a las investigaciones pioneras que demostraron que el cerebro no era un órgano rígido, inmodificable, sino más bien una materia plástica, cambiante y con gran capacidad de restauración ante graves daños o lesiones neurológicas. El genio de Santiago Ramón y Cajal ya intuyó esta posibilidad para una ciencia del futuro que él no podría ver, aunque pensara (dadas las técnicas y conocimientos de entonces) que la neuroplasticidad era más un ideal que una realidad en el funcionamiento del cerebro. Afortunadamente, en esto Cajal se equivocó al igual que gran parte de los neurocientíficos en la primera mitad del siglo XX, y en la actualidad, más bien nos encontramos ante una auténtica revolución en el estudio de las posibilidades autorrehabilitadoras del cerebro humano, que son mucho más reales y prometedoras de lo que nunca se había pensado.


Los lectores interesados podrán descargar en el siguiente enlace directo el índice, prefacio y un fragmento del primer capítulo (formato pdf):

Fragmentos iniciales del Libro (Cortesía de la Editorial)



VÍDEO [8 Minutos/Inglés]:

Fragmento-Conferencia sobre El Cerebro y La Neuroplasticidad (Norman Doidge)





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